Un Viaje de Fe

Como todo recién llegado a América, Xiaomo no estaba familiarizada con nada. Cada día encontraba diversas dificultades con las que le costaba lidiar, como la barrera del idioma, no conocer el camino, etc. Entre estas dificultades, su supervivencia era la más urgente.

Después de establecerse allí, Xiaomo descubrió que le quedaba muy poco del dinero que había traído, lo que le hizo darse cuenta de que el dólar americano y el yuan chino eran muy diferentes. Xiaomo nunca olvidará que la primera vez que salió gastó 6,50$ en dos cuencos. “Eso equivale a la friolera de 30 o 40 yuanes”, no podía evitar exclamar, pero una hermana le sonrió y la tranquilizó: “Todo irá bien cuando te acostumbres”.

En la vida real, el dinero es una gran necesidad. Ante este pensamiento, Xiaomo entendió que tenía que encontrar un trabajo para ganarse la vida.

Durante todo un día, Xiaomo caminó por calles y caminos extraños. Entornos que no conocía y gente de distintas razas y lenguas, todo le hizo a Xiaomo sentirse insegura. Afortunadamente, Xiaomo vivía en Chinatown, donde hay muchas tiendas regentadas por chinos.

Tan pronto como Xiaomo vio un anuncio de trabajo en una tienda, se armó de valor para entrar y preguntar por él. Pero todo lo que oyó fue: “¿Sabes hablar inglés?” Desgraciadamente, Xiaomo no sabía inglés. Al final del día, después de recorrer el bloque entero de casas, Xiaomo estaba agotada y no había encontrado trabajo.

Por la noche, Xiaomo volvió a casa. Estaba muy deprimida. “Había cruzado el océano sólo para llegar a América. Sin la compañía de mis padres y parientes, ¿en quién podré confiar? ¿Quién me ayudará?” Pensando en estas cosas, Xiaomo derramaba lágrimas de impotencia.

Al ver esto, la hermana se acercó a ella y la consoló: “Cuando vine aquí por primera vez también pasé muchos apuros, igual que tú. Aunque di muchas vueltas, doy gracias a Dios por haberme guiado en ellas. En realidad, todos estos problemas son temporales. Dios los utiliza para aumentar nuestra fe, para ayudarnos a aprender a confiar en Él y mirar hacia Él, y para hacer que experimentemos tangiblemente la obra de Dios. Ahora que te encuentras con estas dificultades prácticas, deberías rezar más a Dios. Él es nuestra única confianza. Sólo cuando confiamos en Él tendremos un camino que seguir y nunca nos perderemos”.

Las palabras de la hermana le hicieron a Xiaomo recordar a Dios. Pensó: “¡Es cierto! ¿Cómo he podido olvidar a Dios?” Entonces Xiaomo rezó rápidamente a Dios, desahogando sus dificultades prácticas con Dios.

Después de rezar, Xiaomo pensó en estas palabras: “Todas las cosas bajo las disposiciones y la soberanía de Dios obedecen leyes naturales y, si te decides a dejar que Dios organice y dicte todo para ti, debes aprender a esperar, a buscar y a someterte. Esta es la actitud que toda persona que quiere someterse a la autoridad de Dios debe adoptar, la cualidad básica que debe poseer toda persona que quiere aceptar la soberanía y las disposiciones de Dios. Para tener tal actitud, para poseer tal cualidad, debéis trabajar más duro, y sólo así podréis entrar en la verdadera realidad”. Después de leer estas palabras, pensó: Todo obedece a una ley objetiva de desarrollo. Sólo he pasado un día buscando trabajo, y cuando he fallado, me he hundido en la negatividad y la dificultad. La verdad es que no tengo perseverancia. Además, he tenido poca fe. Las palabras dicen: “debes aprender a esperar, a buscar y a someterte”, debería someterme a la soberanía de Dios y a Sus planes para experimentar la obra de Dios y saborear Sus acciones.

Para su sorpresa, cuando Xiaomo cambió de actitud y condición y buscó trabajo de nuevo, encontró fácilmente uno en el que era competente. Xiaomo percibió que Dios estaba realmente vigilando a su lado, y que era su ayuda siempre presente. Pero como la mayor parte del tiempo no había habido lugar para Dios en su corazón y no había sabido cómo confiar en Dios, le había faltado la fe en Dios y había caído en todo tipo de dificultades y preocupaciones. Cuando Xiaomo dio gracias a Dios, también se sintió avergonzada de la poca fe que había tenido.

Sin darse cuenta, Xiaomo ya llevaba trabajando en un restaurante dos meses. Llegó un día, en realidad no era su día libre sino el de una compañera que había cambiado su turno con ella, de modo que Xiaomo no fue a trabajar. Hacia las tres de la tarde, su compañera la llamó para avisarla de que el restaurante se estaba quemando, y todos sus compañeros estaban asustados.

Al escuchar estas alarmantes noticias, Xiaomo siguió agradeciendo a Dios en su corazón. ¡Sabía bien que la razón por la que ella había podido escapar de esta tragedia era, sin duda, el cuidado y la protección de Dios! Resultó que el fuego se inició en su lugar de trabajo y destruyó tres o cuatro tiendas vecinas. Este suceso causó bastante revuelo a nivel local.

Dos días después, Xiaomo vio el restaurante quemado y a los compañeros que se encontraban allí en el momento del incendio. Aún seguían asustados. Mirando las expresiones de sus caras, Xiaomo sintió de verdad que había estado bien protegida por Dios.

Más tarde, Xiaomo recordó que varios días antes del accidente, ella había oído por casualidad a los encargados del restaurante decir que el jefe tenía pocos recursos y se iba a huir con dinero. Inesperadamente, unos días más tarde sucedió el incidente, y lo que ocurrió después probó que el jefe en realidad había huido, y lo había hecho con su dinero ganado con gran esfuerzo.

Por un lado, este asunto hizo a Xiaomo ver la justicia de Dios. La Biblia dice: “Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: ‘Mia es la venganza, yo pagare’, dice el Señor” (Romanos 12:19).

Por otro lado, esto desafiaba la fe de Xiaomo. El restaurante se había quemado, Xiaomo estaba sin empleo, y el jefe había huido con su salario de medio mes ganado con gran esfuerzo. Xiaomo contó atentamente todo el dinero que tenía, y descubrió que si quitaba el dinero del alquiler mensual de la casa, con el dinero restante apenas podía mantenerse.

Durante los días siguientes, el tiempo era muy valioso para Xiaomo, pues cada día de retraso en encontrar un trabajo significaba que tendría problemas graves. Xiaomo supo que sería otro viaje de fe. Previamente, ella había mostrado su pequeña fe en Dios; esta vez, estaba dispuesta a creer en el poder absoluto y la soberanía de Dios, a someterse a Su dirección y Sus planes.

Xiaomo pensó en estas palabras: “La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar sin preocupación. Si el hombre tiene pensamientos de duda y de temor, es un engaño de Satanás. Él teme que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás diseña todos los medios posibles para enviarnos sus pensamientos; siempre debemos orar para que la luz que Dios brille sobre nosotros, y siempre debemos confiar en Dios para purificarnos del veneno de Satanás. Siempre debemos practicar en nuestros espíritus el acercarnos a Dios. Debemos permitir que Dios domine todo nuestro ser”. A través de las palabras de Dios, Xiaomo comprendió que su pequeña fe en Dios siempre le había hecho imaginar muchos resultados terribles, de modo que vivía con pánico e indefensión, perdiendo su fe en Dios y, en consecuencia, su confianza en Él, cayendo en el remolino de Satán. Todo esto era Satán atormentándola.

Las palabras dicen: “Recuerda la Era de la Ley. Cuando los israelitas se desplazaban, tras abandonar Egipto, Dios les dio codornices y maná. ¿Permitió Dios que los conservaran? (No.) Algunas personas, de mente cerrada, tuvieron miedo de que no hubiera más al día siguiente, por lo que guardaron un poco. ‘¡Guárdalo por si lo necesitamos más tarde!’ ¿Qué ocurrió entonces? Al día siguiente se había podrido. Dios no les permitió conservar nada como reserva, porque Él había tomado medidas que garantizaban que no pasaran hambre. Pero las personas no tenían esa confianza y siempre querían apartar un poco, porque pensaban: ‘¡No se puede confiar en los actos de Dios! No puedes verle ni tocarle. Sigue siendo mejor apartar algo para después. ¡Tienes que ser precavido, porque nadie cuidará de ti sino te buscas una solución por ti mismo!’ Como puedes ver, la humanidad no tiene esa confianza ni una fe sincera en Dios. Siempre deja algo de lado para después y nunca es capaz de ver todo el cuidado y la reflexión que Dios puso al prepararlo todo para la humanidad. Sencillamente, siempre es incapaz de sentirlo, y desconfía siempre de Dios y pensando: ‘¡No se puede confiar en las acciones de Dios! ¡Quién sabe si Él se lo dará a la humanidad ni cuándo lo hará! Si estoy realmente hambriento y Dios no lo da, ¿no pasaré hambre? ¿No me faltará nutrición?’ ¡Fíjate en lo pequeña que es la confianza del hombre!” Estas palabras borraron las imaginaciones de Xiaomo y aumentaron su fe. Ella creía que, aunque encontrara dificultades, estando en el extranjero sola, aparentemente aislada y sin amigos, sabía que no estaba sola porque Dios estaba con ella todo el tiempo. Aunque no percibía ni sentía que Dios hubiera hecho ya planes adecuados para todo, sabía que “Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo” (Eclesiastés 3:1). Creía que Dios era su más poderoso guardián y que estaría a su lado, sin abandonarla jamás.

Durante los días siguientes, Xiaomo tuvo que cooperar en ciertas labores de la iglesia, entregándose así al intenso trabajo de la iglesia. A veces también pensaba en salir a buscar un trabajo, pero gracias a la dirección y protección de Dios, se sentía muy tranquila. Al ver el aspecto tranquilo de Xiaomo, la hermana dijo: “Si pones tu corazón en la iglesia, el trabajo llegará a ti por sí solo”. Xiaomo sólo sonrió. Interpretó las palabras de la hermana como una broma, y pensó que las cosas no eran tan simples como la hermana decía.

Aquella tarde, cuando Xiaomo había terminado de colaborar en la iglesia, en realidad ella sólo planeaba deambular para ver si había algún puesto de trabajo. Fue caminando hasta un centro comercial y, sorprendentemente, encontró un trabajo a los diez minutos. Y al emocionarse, fue más capaz de experimentar la soberanía de Dios, la fidelidad, la misericordia y el amor de Dios por ella.

Habiendo llegado tan lejos, Xiaomo ha apreciado verdaderamente que las experiencias de los cristianos que viven lejos en un país extranjero son realmente un viaje de fe. Y que con la compañía de Dios, salta el esplendor en el viaje.

(Traducido del original en inglés al español por Sara Roncal)

Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

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