No permita que la desconfianza arruine su matrimonio

Víctima de ansiedad en el bus

Una tarde de julio, el sol, como un gran horno, asaba de calor todo cuanto abarcaba. Yiyi estaba esperando un autobús. Aunque guarecida bajo su sombrilla, sentía cómo el fulgurante resplandor se colaba por la tela, haciéndola sudar. La incómoda sensación la ponía aún más irritable.

Yiyi se sentía ofuscada, pues recién se había enterado de que el esposo de una amiga llevaba una doble vida. Ella pensaba: “mi amiga es joven, bonita, alegre, y ambos parecían amarse tanto… ¿cómo pudo su esposo serle infiel, siendo ella tan buena esposa?”.

Y tras conocer de las tribulaciones sufridas por su amiga al saberse engañada, dejándola sin palabras, Yiyi experimentó tanto irritación como ansiedad, al punto de sentirse asustada: “¿mi matrimonio también se destruirá? ¿Cómo puedo mantenerlo renovado y vivaz? Y si el desamor se instalara en mi matrimonio, ¿debería aceptarlo y ya?”, se dijo.

En ese momento arribó el bus. Yiyi cerró su sombrilla, lo guardó y se sentó cerca de una ventanilla. Cuando el bus arrancó, la voz de una joven mujer que hablaba por celular llegó a sus oídos, diciendo “últimamente mi marido dice que se la pasa ocupado. No viene a casa luego del trabajo, ni me permite pasar por su oficina a verlo. Así que un día me dejé caer por allá, y lo encontré con su amante. Ambos reconocieron su relación. ¿Qué debo hacer?”.

Tras escucharla, Yiyi quedó lívida. Al observarla, notó que la mujer transitaba por sus treintas. Se preguntó si hablaba con algún familiar o alguna amistad, y si la mujer habría recibido algún consejo sobre cómo proceder ante su caso. Luego escuchó Yiyi a la mujer sollozar, mientras concluía la llamada. “¿Quién puede soportar el duro golpe de una infidelidad marital?”, se jijo Yiyi, mientras posaba impotente su cabeza en contra de la ventanilla, cerrando sus ojos y dejando escapar un largo suspiro.

Infidelidades ajenas le hicieron tener amargos pensamientos sobre su matrimonio

Yiyi era perfeccionista tanto en el amor como en el matrimonio. Consideraba inaceptable que dos personas casadas fueran infieles una a la otra. Ni siquiera podía tolerar la infidelidad espiritual. Ella y su esposo eran ambos cristianos, y bien sabían del justo carácter de Dios que no tolera la ofensa, Pero en el diario vivir, la tentación de Satanás, de la que Yiyi había sido testigo, la llenaba de preocupación.

Para colmo, Yiyi es ostensiblemente inferior en apariencia a su esposo, lo cual no la ayuda mucho. Él es alto y gentil; y aunque no es muy conversador, es atento y paciente. Yiyi en cambio es bajita y poco agraciada. Cuando caminan juntos, Yiyi siente que no es lo suficientemente atractiva para su esposo, es pequeña y hogareña, en comparación. Cuando se hicieron las fotos de su boda, el fotógrafo no tuvo una palabra de elogio para ella, y en cambio manifestó el donaire de su esposo. Desde entonces, Yiyi desarrolló un sentido de carencia.

Tras el casamiento, la vida transcurrió sin contratiempos. Hasta hace poco, que hubo algunos cambios en el trabajo de su esposo. Entonces, Yiyi pensó: “ahora él pasa más tiempo con colegas femeninas de su edad, que prestan especial cuidado a su apariencia… ¿se creará algún afecto entre él y sus compañeras tras tanto compartir en la compañía? Tomando en cuenta, además, que el comportamiento social de hoy en día se ha relajado tanto que las relaciones extramaritales se han tornado una práctica común, y hasta reconocida. “¿Mi esposo se dejará arrastrar por esa tendencia?”. A veces, mientras más Yiyi pensaba al respecto, más creía ella que su matrimonio estaba al borde del colapso.

El conflicto familiar empezó por la desconfianza

Cuando Yiyi charló con su hermana hace poco, sus palabras la hicieron sentir aún más miserable. Su hermana dijo: “las relaciones extramaritales son comunes en el mundo de hoy. Si una pareja piensa en permanecer, mejor es que se haga de la vista gorda al respecto. Así que no te lo tomes tan en serio. Es mejor así”. Y seguido, su hermana le dio ejemplos de cómo amigos suyos cometían adulterio.

Convencida con este testimonio, Yiyi cayó en la tentación de Satanás y su trampa inconscientemente. Así, empezó a estar en guardia contra su esposo, tratando de dilucidar si le era fiel o no según sus palabras. Si éste hablaba con cierta ligereza, ella sentía que deliberadamente la estaba menospreciando; pero si mostraba alguna consideración, entonces pensaba ella que trataba de guardar un secreto, tratando de ocultar su culpabilidad. Por si fuera poco, Yiyi comenzó a revisar los mensajes de textos en el celular de su esposo; una vez que hallaba una “pista”, comenzaba a interrogarlo exhaustivamente, como si de un detective se tratara, y atenta al más mínimo detalle de quien hiciera observación alguna sobre su esposo.

Poco después, su esposo prestó ayuda a una de sus compañeras laborales, reparando su computadora. Sin embargo, cometió el descuido de no informarle a Yiyi en su momento, convirtiéndose el suceso en una Manzana de la Discordia, por la que tuvieron un serio enfrentamiento verbal.

“Simplemente estás haciendo acusaciones infundadas. Conviertes nimiedades en hechos exagerados que terminan quebrándote la cabeza sin razón”, le dijo su esposo, indignado. Yiyi le contestó, sin vuelta de hoja: “y tú no te atreves a decir la verdad, porque sabes que algo te traes entre manos. Bien sabes que como mujer siento celos y desconfianza, porque te quiero y me importas. ¿Y tú? Pues ocultándome un secreto como ese…. ¿Cómo puedo así sentirme segura de ti?

Al final, su esposo tiró la puerta y se fue, mientras Yiyi se quedó en el cuarto hecha una furia y llorando. En consecuencia, su relación sufrió un embate, y una suerte de guerra fría comenzó en su interior.

Confiándose en Dios superaron su crisis matrimonial

La felicidad pareció morirse en su hogar. El afiche de unos tiernos ositos que sonreían enamorados, colgado en una pared, parecía un mal chiste. Al ver a su esposo abatido en el sofá, el corazón de Yiyi dio un vuelco. Entonces se dijo: “¿Estoy siendo poco razonable? Si me pusiera en sus zapatos, quizás reprobaría mi proceder. ¿Me reconcilio con él, entonces? Pero, hoy, esta situación no es sólo por mi culpa… mas esta guerra fría en la que ha terminado tampoco es lo que quiero”. Así, luchó y luchó en su corazón, no hallando el coraje para dar su brazo a torcer.

Entonces, Yiyi se postró ante Dios y volcó ante Él su corazón. Sintió que El Señor había estado observando sus actos, y no podía soportar verla afligida por hechos que representan la mala disposición de Satanás. Así que se arrepintió de no haber acudido ante Dios, ni confiar en Él, y ni buscar la verdad para resolver aquel problema.

Luego, Yiyi habló a una hermana de fe sobre su tormento. La hermana pacientemente le hizo ver que se estaba inclinando a la mala disposición de Satanás al desconfiar de su esposo, cuando en realidad necesitaba reflexionar sobre su proceder y poner la verdad en práctica acorde a la palabra de Dios para cambiar ella misma lo más pronto posible. A través de este consejo, Dios iluminó a Yiyi, llevándola a pensar en sus palabras: “Aprecio mucho a quienes no albergan sospechas respecto a los demás y me gustan mucho los que aceptan de inmediato la verdad; Yo me preocupo mucho por estos dos tipos de personas, porque a Mis ojos ellos son los honestos”.

Dios es fiel. Obra acorde a los hechos y jamás esparce mal sobre nadie. Por ello, sólo nos pide que no nos permitamos ser suspicaces de los nuestros, dejándonos llevar por nuestra imaginación y, en vez, nos tornemos personas honestas. Pensando en pasado, La hizo ver que se basó en una situación imaginaria para juzgar a su esposo. Fue injusto para él. De hecho, éste le explicó él porqué había ayudado a su compañera con la computadora, y se aclararon las cosas. Sin embargo, su naturaleza suspicaz hizo que no le creyera, y que siguiera viendo problemas donde no los había, llevando la relación a un punto de quiebre. En ese momento, Yiyi entendió que todo su dolor lo causaba la mala disposición de Satanás, manifestada en desconfianza hacia su esposo, sembrando discordia en su estable relación. Cuando reflexionó sobre ello, Yiyi se sintió tranquila y en paz consigo misma, liberada del influjo de Satanás. Y así, casi sin darse cuenta, su matrimonio comenzó a mejorar.

Luego, Yiyi leyó estas palabras de Dios: “Si las personas no tienen comunicación verbal ni espiritual, no hay posibilidad de intimidad entre ellas, y no pueden proveerse ni ayudarse el uno al otro. … No finjas, no te camufles, sino ponte al descubierto, desnuda tu corazón para que los demás vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros vean, y exponer todo lo que piensas y planeas hacer en tu corazón —sea positivo o negativo—, ¿no estarás siendo honesto?”

Yiyi se dio cuenta de que ni ella ni su esposo sabían cómo abrir su corazón uno al otro. Él era introvertido y no muy bueno en eso de expresarse. Su pensar era mayormente introspectivo, y lo guardaba para sí. Por su parte, Yiyi era arrogante y caprichosa, y cerraba las puertas de su corazón cuando se sentía infeliz. Luego de casados, y aunque rara vez lo se peleaban, siempre reprimían sus emociones y no tenían mucha comunicación real que aflorara la intimidad y el entendimiento entre ellos. A través de la palabra de Dios, Yiyi aprendió que: Dios pide que seamos personas honestas. Cuando ofrecemos nuestro corazón pleno a otros por medio de la comunicación verbal o espiritual, entramos en comunión unos con otros. Así, Yiyi creyó que al tiempo en que obrara, según la palabra de Dios, su matrimonio podría salvarse.

Al abrir sus corazones, salvaron su unión de la pesadilla del divorcio

Una noche tranquila, la alcoba matrimonial destilaba ternura a media luz. Yiyi y su esposo se entregaron el corazón uno al otro y compartieron su reciente aprendizaje. Yiyi se disculpó ante él, confesándole haberle guardado desconfianza por esos días. Ella lo malinterpretó, y ni siquiera le permitió brindar explicaciones. Pensó ella que lo hacía por el bien de su amor, Sin embargo, al finalmente volverse a Dios en búsqueda de la verdad, entendió que su proceder respondía a un carácter corrupto, y a una expresión de fariseísmo. Por lo que, Yiyi, sinceramente pidió a su esposo que la perdonara. Y él también se abrió a ella, admitiendo que se había enfadado porque no podía aceptar su desconfianza y malinterpretación para él. Pero cuando pensó en la petición de Dios de que seamos tolerantes, pacientes y comprensivos con los demás, al esposo se le pasó la molestia.

Al saber esto, Yiyi se sintió avergonzada de que ambos hubiesen pasado esos momentos miserables y de haber caído en el juego de Satanás gracias a su carácter corrupto. Su esposo le dijo entonces que él, cuando evidenciaba tales conductas deshonestas en la oficina, se mantenía alejado de la tentación al orar a Dios para que lo protegiera. Oyendo esta confesión, Yiyi sonrió para sí y agradeció al Señor por largo rato. Era la verdad del Altísimo que los regaba y proveía. Siendo que Dios los guió paso a paso y los vio crecer. Y ahora los ayudaba a cómo vivir y comportarse, para lo cual no debían caer en el juego de Satanás.

La palabra de Dios dice: “Siempre que Satanás corrompe al hombre o se implica en un daño desenfrenado, Dios no está por ahí ocioso ni tampoco se echa a un lado, ni hace la vista gorda con aquellos que Él ha elegido. A Dios le queda muy claro todo lo que Satanás hace, y lo entiende perfectamente. Independientemente de lo que sea, de la corriente que provoque su acción, Dios sabe todo lo que él está intentando hacer y no abandona a Sus elegidos. En cambio, sin llamar la atención, en secreto, silenciosamente, Dios hace todo lo necesario”.

Considerando la palabra de Dios e integrándola a su reciente experiencia, Yiyi sintió el amor divino en su totalidad. Ella y su esposo vivían en esta sociedad corrompida, pero gracias a la protección de Dios, ambos podían confiar uno del otro, y no optar por el divorcio cuando su matrimonio estuvo a punto del naufragio sino, en vez, reflexionar cada cual en base a la palabra de Dios y hallar la forma de salvar su unión. Fue por la gracia del Señor y de su protección que salvaron su relación. Y, a manera de final feliz, Yiyi y su esposo elevaron una oración de agradecimiento al creador tras abrir su corazón uno al otro.

(Traducido del original en inglés al español por Francisco Machalskys)


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