Cómo perdonar una infidelidad de mi esposo (II)

Encontrar el certificado de nacimiento de un niño en el maletín de mi esposo

Una mañana a principios de 2014, mientras organizaba la oficina de mi esposo, vi que en su maletín había una copia del certificado de nacimiento de un niño, en el que él aparecía como el padre, y una chica de 17 años como la madre. La dirección era el lugar que él había compartido con su amante anterior. Ver la evidencia de otra traición me atravesó al instante: tuve dificultades para respirar y las lágrimas rodaron involuntariamente por mi cara. No entendía, ¿por qué tenía que hacerme daño de esta manera una y otra vez? Estaba totalmente devastada, y el odio volvió a brotar dentro de mí. Pensé: “No hay honor en no buscar venganza. Me has traicionado, me has hecho daño una y otra vez, y esta vez no hay manera de dejarte ir así de fácil. Definitivamente voy a conseguir un abogado y te demandaré. Eres tan insensible que no podrás culparme si soy despiadada”. En ese momento, el odio se apoderó completamente de mi corazón; me moría por ir directamente a la corte y denunciarlo por el delito de bigamia para poder desahogar mi odio al verlo en la cárcel.

El odio me carcome los huesos, pero las palabras de Dios alivian las heridas de mi corazón

Reflexion cristianaCuando había reunido pruebas concluyentes y me estaba preparando para llevar a mi esposo a la corte, de repente pensé en el hecho de que soy una persona de fe y que cuando tengo un problema, no debo ser impulsiva o actuar de manera apasionada; esto supuso una pausa. Sin embargo, el odio seguía devorando mi corazón, y me causaba un dolor increíble. Todo lo que pude hacer fue buscar a dos hermanas de la iglesia para desahogarme y decirles lo que pensaba. Una hermana mayor dijo, tomándome de la mano: “¡Ay, hermana! Incluso si demandaras a tu esposo, no podrías resolver la causa del problema, y esto solo te produciría más dolor. Has sido engañada por las artimañas de Satanás, quien quiere que vivas dentro del odio, y que tú y tu esposo se lastimen mutuamente y se conviertan en enemigos, que libren una batalla perdida, y entonces ambos estarán viviendo en medio de un sufrimiento del que no podrán escapar. Ahora somos creyentes, y las palabras de Dios pueden resolver todas nuestras dificultades. Leamos juntas Sus palabras”.

Después de sacar un momento para calmarme, ella me leyó un pasaje con las palabras de Dios: “Una tras otra, todas estas corrientes conllevan una mala influencia que degenera continuamente al hombre, que baja su moral y su calidad de integridad más y más, hasta el punto de que se puede incluso afirmar que la mayoría de las personas no tienen ahora integridad ni humanidad, ni conciencia, y mucho menos razón. ¿Cuáles son, pues, esas corrientes? No las puedes ver a simple vista. Cuando sopla el viento de una tendencia, tal vez sólo un pequeño número de personas se convertirán en iniciadoras de esta. Empiezan a hacer este tipo de cosas, aceptando este tipo de idea o este tipo de perspectiva. La mayoría de las personas, sin embargo, en medio de su inconsciencia seguirán estando continuamente infectadas, asimiladas y atraídas por esta clase de corriente, hasta que la aceptan sin darse cuenta y de forma involuntaria, y todos estén sumergidos en ella y sean controlados por ella. Y es que el hombre que no esté en plenas facultades físicas y mentales, que no sabe nunca cuál es la verdad, que no puede discernir la diferencia entre las cosas positivas y las negativas, estas clases de tendencias, una tras otra, lo hacen aceptar con facilidad dichas tendencias, el criterio y las filosofías de vida, así como los valores que proceden de Satanás. Aceptan lo que este les dice sobre cómo plantearse la vida y la forma de vivir que Satanás les ‘concede’. No tienen la fuerza ni la capacidad, y mucho menos la consciencia de resistirse” (“Dios mismo, el único VI”).

Luego me dijo: “Las palabras de Dios son muy claras. La razón por la que los sentimientos entre las personas son tan débiles y por la que las parejas que originalmente se amaban se traicionan entre sí tiene sus raíces en las tendencias malignas que genera lugar Satanás. Él explota toda clase de dichos y falacias para confundir y envenenar a la gente, tales como: ‘Los hombres se vuelven malos cuando consiguen dinero, y las mujeres consiguen dinero cuando se vuelven malas’, ‘Las alertas rojas en casa no desaparecen, pero las de colores se mecen fuera con la brisa’, ‘No pidas por la eternidad, sé feliz ahora’, ‘Desprecia la pobreza pero no la prostitución’, ‘Sin una amante, un hombre no tiene ganas de vivir’, y ‘sin un amante, una mujer no es mejor que una cerda’. A muchas personas les inculcan estas ideas erróneas sin que se den cuenta: su visión de la vida y sus valores han sido distorsionados. Muchos hombres piensan que tener o mantener una amante son muestras de competencia, y sin eso, no solo parecen inútiles sino que serán despreciados por los demás. Muchas mujeres se convierten en amantes o le sacan dinero a un hombre rico por el amor y el placer material, y les tiene sin cuidado vender su propio cuerpo a cambio de beneficios materiales. Viven atrapadas en sus deseos carnales, consintiéndose y pensando descaradamente que pueden ganar el favor de los demás con sus encantos. Envenenada por estos pensamientos y tendencias satánicas y malvadas, la gente ya no da importancia al matrimonio y a la fidelidad o a las responsabilidades con su familia o parientes, sino a satisfacer sus deseos carnales y a revolcarse en la promiscuidad y la corrupción. Buscan siempre la diversión, viven en un estupor de borrachos; pierden gradualmente su conciencia, razón, carácter y dignidad, volviéndose más y más carentes de humanidad, más y más malvados y depravados. En la sociedad actual, la degeneración está en constante aumento y el mal se apodera del poder; las tasas de divorcio y de nuevas nupcias siempre están aumentando y cada vez más personas tienen relaciones extramatrimoniales. Quién sabe cuántas parejas amorosas se convierten en enemigos terribles y cuántos hogares se destruyen por ello, dejando a incontables niños con heridas espirituales indelebles y resultando en un homicidio tras otro. Todas estas son consecuencias de la invasión y el veneno de las tendencias malignas. Cuando las personas no son creyentes y no entienden la verdad, les falta discernimiento entre lo positivo y lo negativo. Adicionalmente, después que fuimos corrompidos como seres humanos por Satanás, todos comenzamos a codiciar los placeres carnales y a adorar el mal; Satanás aprovecha esta oportunidad para usar falacias malvadas con el fin de atraernos, confundirnos y dañarnos para que nuestra corrupción sea cada vez más profundas. Al igual que tu esposo, él siempre estaba entrando y saliendo de hoteles y lugares de entretenimiento elegantes como sitios de karaoke, por lo que estaba rodeado de tentaciones y pruebas, y además de eso estaba inmerso y dañado por todas esas herejías y falacias satánicas. Ya no veía tener una amante como algo vergonzoso, sino como algo que le hacía parecer capaz y la tomaba como una insignia de honor, hasta el punto de que perdía toda su razón y conciencia y hacía cosas para herirte y traicionarte. Al que debemos odiar es a Satanás, porque es él quien hace daño y juega con la gente. Es el principal culpable”.

Me di cuenta debido a las palabras de Dios y a la enseñanza de esta hermana que mi esposo había sido golpeado y sucumbido a las tendencias malvadas y satánicas porque no entendía la verdad y carecía de discernimiento, y esa era la única razón por la que me había traicionado una y otra vez. Pensé en el pasado: él siempre trataba de mejorar y realmente se preocupaba por la familia. Fue maravilloso conmigo y con los niños. Pero desde que nos hicimos ricos empezó a salir con amigos y a frecuentar muchos lugares de entretenimiento, y poco a poco cayó en las prácticas malvadas tan comunes en la sociedad. Cambió por completo y comenzó a ver el hecho de tener una amante como un símbolo de estatus, y el mantenerla como una alegría en la vida hasta el punto de hundirse en las tendencias del mal, y se hizo tan depravado que perdió el control de sus parámetros morales, su conciencia y su personalidad. También perdió su sentido de la responsabilidad como padre y esposo. ¿Tener una amante no era acaso el típico ejemplo de alguien que ha sido corrompido por Satanás y que sigue las tendencias del mal? Luego pensé que sus amantes también eran víctimas de la corrupción de Satanás: piensan que ser la amante de alguien significa que es encantadora y que es lo suficientemente buena para estar con un hombre rico, así que aunque ellas sabían claramente que él tenía una familia, seguían con él sin sentir la menor vergüenza. Incluso presumían de ello delante de los demás, sin ningún tipo de carácter ni dignidad. Vi que cuando carecemos de la verdad, simplemente no podemos evitar vivir bajo el gobierno de Satanás y de ser corrompidos y manipulados por él, mientras que al mismo tiempo pensamos que es agradable. ¡Pero es tan patético y tan triste! De repente, sentí una liberación en mi corazón después de haberme sentido tan sofocada durante tanto tiempo, y pude respirar con mayor facilidad. Todo esto fue verdaderamente posible gracias a Dios; si no hubiera sido por Sus palabras que me revelaron la causa del problema, aún estaría viviendo con dolor y torturándome, sería manipulada por Satanás, y sufriría muchísimo.

Después de comprender todas estas cosas, le oré a Dios: “¡Oh Dios! Ahora me doy cuenta de que mi propio dolor se debió al daño causado por Satanás. A partir de ahora deseo confiar más en Ti y vivir de acuerdo a Tus palabras. Dios, espero que me guíes para poder dejar de odiar a mi esposo y a su amante, y para no seguir siendo manipulada y lastimada por Satanás”. Después de orar, traté de dejar de pensar en vengarme de mi esposo, y siempre que me sentía molesta oraba a Dios, escuchaba himnos con las palabras de Dios, y leía Sus palabras. Después de hacer esto durante unos días, mis sentimientos de ansiedad disminuyeron. Temerosas de encontrarme en un estado inestable y de hacer algo extremo, mis hermanas me leían con frecuencia las palabras de Dios y compartían conmigo Su voluntad, lo cual me ayudó a desvelar las artimañas de Satanás y a no sucumbir a un ataque de ira. Gracias a Dios, con la guía de Sus palabras y a la ayuda de mis hermanas, me calmé muchísimo.

Reflexion cristianaUn día, leí estas palabras de Dios: “Las emociones de la humanidad son egoístas y pertenecen al mundo de la oscuridad. Estas no existen en aras de la voluntad de Dios, y mucho menos de Su plan, por lo que nunca puede hablarse de Dios y del hombre en el mismo contexto. Dios es por siempre supremo y para siempre honorable, mientras que el hombre es siempre bajo, siempre despreciable. Esto es porque Dios siempre está haciendo sacrificios y se entrega a la humanidad; sin embargo, el hombre siempre toma y se esfuerza sólo para sí mismo. Dios siempre se está esforzando por la supervivencia de la humanidad; no obstante, el hombre nunca contribuye en nada en aras de la luz o la justicia. Aun si el hombre se esfuerza por un tiempo, es tan débil que no puede resistir ni un solo golpe, pues el esfuerzo del hombre siempre es para su propio beneficio y no para el de otros. El hombre siempre es egoísta, mientras que Dios es por siempre desprendido” (“Es muy importante comprender el carácter de Dios”). Leer esto me hizo sentir muy incómoda. ¡Es muy cierto! Solo Dios es santo y desinteresado. Pensé cómo el Dios supremo se ha encarnado dos veces y vivido junto a nosotros por el bien de nuestra salvación; Él ha sufrido humillaciones increíbles y ha soportado la cacería y persecución de los poderes, así como el juicio, la calumnia y el rechazo del mundo religioso. Ha sufrido mucho, pero Dios nunca busca una recompensa ni nos ha exigido nada. Más bien, ha estado haciendo la obra de salvar a la humanidad en total oscuridad. ¡La esencia de Dios es muy santa, muy bella y muy buena! Pero como personas, somos egoístas y despreciables por naturaleza, y todos vivimos para satisfacer nuestros propios deseos. Hagamos lo que hagamos, lo hacemos con nuestros propios intereses como meta. Cuando mi esposo fue bueno conmigo y pudimos vivir en armonía, pensé que era maravilloso; cuando me traicionó, solo quería vengarme de él y vivir según las leyes de supervivencia de Satanás, tales como “¡Si no eres amable, no seré justa!” y “No hay honor en no buscar venganza”. Solo entonces me di cuenta de que amaba a mi esposo porque él me había amado también; todo era debido a mi propio beneficio carnal. Pero cuando mis propios intereses carnales fueron dañados, me llené de odio hacia él e incluso fui a buscar evidencia para demandarlo a él y a su amante, y el simple hecho de verlos a los dos en la cárcel me habría hecho feliz. ¿No es eso increíblemente egoísta y malicioso? ¿No es eso una falta total de humanidad? Una vez que entendí estas cosas, oré a Dios y dejé de planificar cómo vengarme de mi esposo. También me volví reacia a ser engañada por las artimañas de Satanás, o a ser manipulada o dañada por eso. Resolví leer más las palabras de Dios, desechar el odio dentro de mi corazón, perseguir el temor a Dios y rechazar el mal, y ser alguien que es capaz de glorificar y dar testimonio de Él.

La amante mueve cielo y tierra y yo lo afronto serenamente con el amor y la protección de Dios

Justo cuando estaba a un paso de dejar atrás mi odio por mi esposo y su amante, una prueba de Satanás vino sobre mí.

Una tarde fui a que un contable me sellara un documento. Justo cuando me dirigía a la puerta de la oficina de mi esposo, vi a su amante hablar con él con mucha coquetería. Cuando ella me vio, salió de su oficina, hizo una mueca y meneó las caderas. Parecía caminar intencionalmente de una manera provocativa. Por un momento me sentí increíblemente enfadada y golpeé el suelo con mis tacones altos; me moría por acercarme a ella y avergonzarla. Pensé: “Tú eres la que me provoca. Deberías saber en dónde estás; esta es mi compañía. ¡Eres muy arrogante!” Justo cuando estaba pensando en decirle todo eso y más, de repente pensé en la decisión que había tomado al orar a Dios. Llamé en silencio a Dios para que protegiera mi corazón y no me dejara ser engañada por Satanás, y para no actuar precipitadamente. Gracias a la protección de Dios, mi corazón se calmó gradualmente.

Después de regresar a casa esa noche leí este pasaje de las palabras de Dios: “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre las personas, como nacidas de disposiciones humanas, o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra, y todo lo que acontece, es una apuesta hecha por Satanás delante de Dios, y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios” (“Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios”). Las palabras de Dios me permitieron entender que hay una batalla espiritual detrás de los entornos, así como de las personas, eventos y cosas que encuentro cada día. Esto es Satanás y Dios haciendo apuestas, y yo debo ser testigo de Dios. Ese día, parecía como si la amante de mi esposo me provocara, pero en realidad era Satanás quien me estaba tentando. Hacía eso para irritarme y vivir de nuevo con un dolor y un odio de los que no podía librarme, así que yo estaría peleando con la amante de mi esposo y los dos perderíamos. Entonces él lograría su objetivo de seguir lastimándome y manipulándome. ¡Satanás es muy malvado y despreciable!

Posteriormente leí estas palabras de Dios: “Es muy simple ahora: mírame con tu corazón y tu espíritu se fortalecerá inmediatamente, tendrás una senda que seguir y Yo guiaré todos tus pasos. Mi palabra te será revelada en todo momento y lugar. No importa dónde o cuándo, o cuán adverso sea el entorno, Yo te mostraré claramente y Mi corazón te será revelado si me miras con tu corazón; de esta forma correrás el camino que tienes por delante, y nunca te perderás” (“Capítulo 13”). Las palabras de Dios me indicaron el camino adecuado de la práctica: ¡Apóyate en Dios! Es cierto: solo Dios es mi verdadero apoyo, y solo Dios está muy cerca de mí. Sin importar lo que me suceda, tengo que orar a Dios, buscarlo y abrirle mi corazón. Después de eso puedo buscar la verdad para resolver mis problemas, poner en práctica las palabras de Dios y no vivir en la discordia. De esa manera, Satanás no podrá jugar conmigo, y naturalmente triunfaré sobre las pruebas de Satanás.

Dejar a un lado el odio libera mi corazón

En los días siguientes me propuse actuar de acuerdo a las palabras de Dios, orándole más y acercándome más a Él, y cuando tuve pensamientos que no estaban en sincronía con Su voluntad, oré a Dios para no comportarme así. Después de eso, busqué palabras relevantes de Dios y verdades que pudieran resolver mis problemas. Cuando aprendí a dejar a un lado mi odio de esa manera y a poner en práctica las palabras de Dios, mi corazón se iluminó gradualmente. Cuando iba a trabajar, no me importaba mucho si me encontraba con la amante de mi marido, e incluso cuando la vi, eso no me afectó. Seguía haciendo mis deberes y solo pensaba en hacer mi propio trabajo. Una vez se mantuvo deliberadamente en la puerta de la oficina de mi esposo frente a la mía y dijo en voz alta: “Mi esposo, mi amor”. Simplemente oré en silencio a Dios y le pedí que no me dejara enfadar o sentir celos para poder enfrentar eso con calma. Tras acercarme a Dios de esa manera, Él cuidó de mi corazón de una manera tan gradual que ya no estaba molesta o celosa.

Una tarde de marzo de 2018, fui a buscar un documento a la oficina. Cuando pasé por la oficina de mi marido, vi que su amante estaba sola allí. Me sentí totalmente tranquila. Cuando me vio entrar, cerró la puerta y se escabulló en silencio. Pensé mientras me iba: “No me importa si te alejas o si me provocas, no voy a empezar nada contigo. No tiene sentido pelear contigo por esto”.

Una vez que dejé a un lado mi odio, mi mente se abrió mucho, y gradualmente, los venenos de Satanás de “¡Si no eres amable, no seré justa!” y “No hay honor en no buscar venganza” que estaban arraigados en mi corazón, perdieron lentamente su control sobre mí. Más tarde fui elevada por Dios y pude cumplir con mi deber en la iglesia, y mientras lo hacía, me acerqué con frecuencia a Dios. La mayor parte de mi energía la empleé en leer las palabras de Dios, escuchar los sermones y las enseñanzas, y en cumplir con mi deber. El odio que sentía por mi marido y su amante se debilitó, y finalmente desapareció poco a poco. Gracias a Dios, todo esto fue el resultado de las palabras de Dios en mí.

Y ahora, las cicatrices de la traición de mi marido se han ido desvaneciendo poco a poco. Cumplo con mi deber dentro de la iglesia, leo con frecuencia las palabras de Dios y converso acerca de la verdad con mis hermanos y hermanas. Cada uno de mis días es pleno y feliz, y cada vez soy más abierta mentalmente. Sin embargo, las cosas no han ido muy bien para mi marido. Se ocupa de los asuntos de la empresa día tras día, y además tiene que preocuparse de llevar y traer al hijo de su amante a la escuela. Si tiene algún tipo de dificultad, le ayudo si puedo, y en caso contrario, se lo hago saber directamente y manejo la situación de una manera adecuada. Cuando los niños albergan resentimiento o prejuicios contra él, los guío a no vivir dentro del odio, y después de eso son capaces de dejar a un lado sus malos sentimientos hacia él. Tengo claro en mi corazón que fueron las palabras de Dios las que me liberaron de mis malas intenciones de vengarme de mi esposo y de su amante, permitiéndome vivir un poco como un ser humano. Si no hubiera sido por la iluminación y la guía de las palabras de Dios, ciertamente habría terminado vengándome de ellos a causa del odio. Incluso si no lo hubiera hecho meter en la cárcel, habría terminado en una pelea a muerte con él, y todos estaríamos viviendo en el dolor, devastados y manipulados por Satanás. ¡Doy gracias a Dios por haberme salvado! Las palabras de Dios son la verdad y la única fuerza de respaldo en mi vida futura. Fueron las palabras de Dios las que me hicieron salir del pantano de mi traición matrimonial paso a paso, permitiéndome mostrar una sonrisa brillante en mi rostro y sentirme llena de esperanza por la vida.

Parte uno: Cómo perdonar una infidelidad de mi esposo (I)


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