Testimonio cristiano: Cómo dejar la adicción al juego

Nota del editor: En todos los niveles de la sociedad, desde los funcionarios y las élites hasta la gente más humilde, a cualquiera que sea picado por el aguijón de los juegos de azar le resulta muy difícil dejar de jugar. ¿Cuántas personas han pasado de la riqueza a la pobreza por culpa del juego? ¿Cuántas se han quebrado, sus familias han sido destrozadas y, en última instancia, sus familias se han visto arruinadas? Xiaoliang, un cristiano que era adicto al juego desde dos décadas atrás, consiguió romper con esta adicción de una maner milagrosa. ¿Cómo lo logró? Busquemos la respuesta en la experiencia personal de Xiaoliang.

Cómo dejar la adicción al juego

1.El juego me lleva a la ruina

Desde la infancia, a menudo oí el proverbio “juega un poco para alimentarte, juega mucho para enriquecerte”. Había mucha gente a mi alrededor que estaba obsesionada con el juego y que vivía en ese tipo de ambiente, por lo que no pasó mucho tiempo antes de que yo aprendiera a jugar con la esperanza de tener un ingreso adicional. Empecé haciendo pequeñas apuestas y no gané mucho, pero la gente a mi alrededor me acosaba constantemente, y me decía cosas como “Los intrépidos mueren de gula, los tímidos mueren de hambre”, y “Tienes que invertir más para ganar más”. También noté que cuando la gente apuesta más, gana más, así que finalmente me sentí tentado a hacer esto. Pensé que si hacía apuestas más grandes ganaría una mayor cantidad de dinero. Poco a poco, el volumen de mis apuestas creció y lo mismo sucedió con mi adicción al juego. En cierta ocasión, y luego de hacer muchas apuestas, perdí cientos de yuanes. Era una suma considerable en aquella época, y me sentí muy molesto. Era casi el Año Nuevo chino y mi familia necesitaba dinero para las compras de las festividades, así que sin otra opción, vendí el único cerdo que teníamos. Quería destinar ese dinero para comprar lo que necesitábamos, pero me encontré en la calle con un compañero de juego que me invitó a apostar de nuevo, y pensé: “¿Por qué no intentar otra ronda? Podría recuperar los cientos de yuanes que perdí. De esa manera, mi familia no estará en una situación financiera tan desesperada”. Con eso en mente, jugué todo el día con mi amigo y perdí todo mi dinero. Estaba totalmente molesto. Pensé: “¿Qué haré ahora? El Año Nuevo prácticamente ha llegado, y he perdido todo el dinero que necesitábamos para las compras de esta festividad luego de apostar. ¿Cómo pasaremos el Año Nuevo Chino ahora?” Me sentí extremadamente culpable y me prometí en silencio que nunca volvería a apostar.

Después de eso, le pedí prestado un poco de dinero a un amigo y abrí un pequeño negocio, y cuando tuve algunos ahorros, compré una casa en la cabecera municipal. Pero poco después, perdí una importante suma de dinero luego de invertir en el proyecto de un amigo, y pensé: “He perdido mucho dinero y me llevaría años recuperarlo solo con mi propio negocio”. Todo el mundo dice que puedes hacerte rico haciendo grandes apuestas, así que, ¿por qué no intentarlo de nuevo? Compré entonces decenas de miles de yuanes en billetes de lotería, pero no gané absolutamente nada. Me sentí frustrado, pero aún así me dije a mí mismo que si insistía, me haría rico. Mi esposa a menudo intentaba convencerme de que dejara de jugar, y me decía: “No juegues más, hagamos negocios honestos y recuperemos poco a poco el dinero”.

Cómo dejar la adicción al juego
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Sin embargo, yo no la escuchaba. Pensaba que podríamos recuperar el dinero con mayor rapidez si apostábamos. Si hubiéramos trabajado honestamente para recuperar el dinero, ¿cuándo volveríamos a tenerlo en nuestras manos? Mi mujer, al ver que yo no seguía su consejo, me dijo frustrada y enfadada: “¿Cómo vamos a sobrevivir si sigues apostando de esa manera?”. Sentí que mi esposa no me entendía en absoluto y dije con impaciencia: “¿No ves que lo hago por nuestra familia?” Entonces, mi esposa y yo empezamos a pelearnos por mis apuestas todo el tiempo, y nuestro hogar, que antes era apacible, dejó de serlo. Después de esto, no solo no gané más dinero apostando, sino que terminé con más deudas. Me sentí abrumado luego de hacer frente a los deudores que perseguían a mi familia, a las constantes llamadas telefónicas de cobro del banco y a los cobradores de préstamos privados que nos presionaban para pagar los intereses. En ese momento ya había perdido todos mis bienes, excepto mi casa. Lo único valioso que teníamos era el collar de oro de mi esposa.En medio de mi desesperación, no tuve otra opción que empeñarlo. Me era insoportable ver su expresión de decepción e impotencia, y me juré en silencio que nunca volvería a apostar. Mi intención inicial era usar ese dinero para pagar los intereses bancarios, pero me encontré con un amigo jugador; casi sucumbo de nuevo, aunque pensé: “He perdido mucho dinero, y he empeñado el collar de oro de mi esposa. No puedo volver a apostar”. Pero luego se me ocurrió esto: “¿Por qué no intentarlo una vez más? Tal vez mi suerte cambie esta vez y gane lo suficiente para pagar la deuda”. No pude evitarlo: volví a la casa de apuestas, y después de perder el dinero recibido por el collar de oro, mi corazón se llenó de remordimientos. Me odié por no poder controlar mi adicción al juego.

Mi vida era un desastre en aquel entonces. Mis parientes y amigos no querían saber nada de mí, y algunos me evitaban a toda costa porque temían que yo les pidiera dinero prestado. Al ver que no tenía otras opciones, vendí a regañadientes la casa en la que habíamos vivido durante solo tres años para poder pagar nuestras deudas. Pude ver la ansiedad en la cara de mi esposa, y su decepción conmigo mientras nos mudábamos. Me sentí atormentado; lágrimas de remordimiento nublaban mis ojos. Me odié a mí mismo por ser un fracasado. Había despilfarrado el único collar de oro de mi esposa, la casa que habíamos comprado con tanto esfuerzo, y había hecho sufrir a mi esposa y a mi hijo, todo ello por mi adicción al juego. Yo era todo un fracaso como esposo y particularmente como padre. Me prometí en silencio que nunca volvería a apostar. Pero al igual que mis promesas anteriores, cada vez que hice ese voto, no pasó mucho tiempo antes de que lo incumpliera de nuevo. Cuando la gente a mi alrededor me invitaba, siempre iba apostar a pesar de mí mismo, con la esperanza de recuperar el dinero que había perdido. Sin embargo, cuanto más jugaba, más dinero perdí, hasta contraer una deuda colosal de más de 700.000 yuanes.

Un día, mientras cruzaba un puente muy alto, pensé en la enormidad de mis deudas. Mis acreedores me presionaban todos los días para que les pagara, pero nunca podría hacerlo por mi cuenta... La inmensa presión a la que estaba sometido me hizo sentir realmente desgraciado, que la vida ya no valía la pena, y que la muerte sería una mejor opción. Podría escapar de todo si muriera. Pero cuando puse el pie sobre el borde del puente y me preparé para saltar, una imagen de mi esposa y mi hijo pasó por mi mente, así como la de mi anciana madre, y no pude dejar de pensar: “Si muero, las cargas familiares recaerán por completo sobre mi esposa, mi hijo quedará sin un padre, y mi anciana madre tendrá que soportar el tormento de enterrar a su joven hijo. Los problemas de nuestra familia han surgido a causa de mi juego. Ya les he hecho suficiente daño. Si salto y termino con mi vida, ¿serán capaces de soportar ese golpe? Si hago esto, ¿no estaré siendo irresponsable?” Cuanto más pensaba en esto, más desgraciado y culpable me sentía, y fue entonces cuando descarté la idea de suicidarme. Pero mi enorme deuda y la vergüenza de lo que le había hecho a mi familia me dejaron con una tremenda presión y tormento, y realmente no pude pagar todas las deudas, así que simplemente ahogué mis preocupaciones en alcohol todos los días. Poco a poco, mi cuerpo se volvió incapaz de soportar el abuso y llegó al límite, perdí el interés en administrar mi negocio, y simplemente estaba desperdiciando mis días.

2.Una luz aparece en la oscuridad

Justo cuando estaba perdiendo la esperanza en la vida y no sabía qué hacer, mi cuñada compartió el evangelio de Dios de los últimos días con mi esposa y conmigo .

Más tarde, vi estas palabras de Dios: “Hay un enorme secreto en tu corazón. Jamás te haces consciente de él porque has estado viviendo en un mundo donde no brilla la luz. El maligno se ha llevado tu corazón y tu espíritu. Tus ojos están cubiertos de oscuridad; no puedes ver el sol en el cielo ni la estrella brillante en la noche. Tus oídos están tapados con palabras engañosas y no escuchas la estruendosa voz de Jehová ni el sonido de muchas aguas provenientes del trono. Has perdido todo lo que te debió haber pertenecido y todo lo que el Todopoderoso te confirió. Has entrado en un mar infinito de amargura, sin fuerza para ser rescatado y sin esperanza de supervivencia y te has quedado sólo para luchar y moverte afanosamente… A partir de ese momento, estás condenado a estar afligido por el maligno, muy lejos de las bendiciones del Todopoderoso, fuera del alcance de las provisiones del Todopoderoso y te embarcas en un camino sin regreso” (“El suspiro del Todopoderoso”).

La palabra de Dios despertó mi corazón, que se había extraviado durante tantos años. Comprendí que la razón por la que vivimos con tanto dolor es que, después de abandonar los cuidados y la protección de Dios, ya no hay lugar para Él en nuestros corazones, y debido a que carecemos de la guía de la palabra de Dios, somos corrompidos y dañados por Satanás. Pensé que, desde que me había vuelto adicto al juego, cada vez que ganaba, sólo quería ganar aún más; si perdía, sólo quería hacer otra apuesta para recuperar el dinero perdido. De cualquier manera, no podía salir de la espiral de la adicción al juego. Al final, no solo perdí la casa que tanto nos habíamos esforzado en comprar, sino que también tenía deudas enormes. Había hecho que toda mi familia cargara con mi sufrimiento, lo que me llevó a sentirme aún más ansioso y amargado. Me daba vergüenza hacer frente a mi familia, pero no podía deshacerme de mi adicción al juego. La vida era sufrimiento, e incluso quise morir para acabar con el dolor. Lo que me revelaron las palabras de Dios fueron precisamente las escenas dolorosas que yo había vivido durante tantos años. Estaba obsesionado con el juego, había perdido el rumbo y vivía luchando y atormentado. Una vez que entendí estas cosas, juré a Dios que tendría fe, que no volvería a apostar ni permitiría que Satanás continuara haciéndome daño.

Desde entonces, participé activamente en la vida de la iglesia, leí la palabra de Dios, gradualmente llegué a entender alguna verdad, y empecé a sentir consuelo espiritual. Ya no estaba tan decepcionado y pesimista sobre la vida y sentí una gran dosis de liberación en mi corazón; también me alejé de los juegos de azar y encontré un trabajo adecuado como conductor de mototaxi. Fue difícil, pero sentí mi corazón en paz.

Encontrando la causa de mi obsesión por el juego, un cambio en la dirección de mi vida

Un día, mientras pasaba por una tienda de lotería, vi a una multitud de jugadores que miraban amontonados; y encima de la puerta, una pancarta roja decía que tal o cual persona había ganado algún tipo de premio. Ver eso realmente me puso en marcha. Pensé: “¿Por qué no gastar un par de yuanes para probar suerte? Si tengo suerte, podría ganar unos cuantos miles de yuanes”. Justo cuando estaba a punto de ir a comprar un billete de lotería, recordé que ya había hecho un juramento a Dios de no volver a apostar. Si apostara, ¿no sería eso deshonesto? Entonces pensé: “Solo compraré un billete de lotería por dos yuanes. No es mucho dinero. No debería haber ningún problema con esto. No estoy pidiendo millones, solo unos pocos miles para comprar una motocicleta”. Así que compré un billete de lotería, pero no pude controlarme. No gané nada en el primer intento, así que compré otro y otro, hasta que en menos de dos horas había gastado más de cien yuanes, dinero que había ganado luego de trabajar todo el día. Sentí una profunda tristeza y arrepentimiento. Pensé: “Fue un dinero que gané con mi trabajo, y lo he perdido todo. De ahora en adelante, no importa lo que pase, ¡no puedo jugar más!”

Tenía planes de no comprar nunca más un billete de lotería, pero al día siguiente y al otro, cada vez que pasaba por la tienda de lotería, quería recuperar el dinero que había perdido. No pude evitar entrar. Gasté más de quinientos yuanes en el transcurso de tres días. Fue insoportable ver mi dinero ganado con tanto esfuerzo desaparecer de esa manera. Me abofeteé la cara y me desprecié por fracasar de nuevo. Yo sabía muy claramente que esta era la manera como Satanás me atrapaba en el sufrimiento, así que ¿por qué insistía yo en dejarme atrapar? No podía entenderlo. Ya había sido bastante perjudicado por el juego, y siempre me había jurado a mí mismo que dejaría de comprar billetes de lotería, así que ¿por qué no podía superar esto? ¿Por qué siempre caía en las trampas de Satanás? Después de llegar a casa me apresuré a orarle a Dios: “¡Dios! No quiero ser lastimado por Satanás y caer en la espiral de los juegos de azar. Vivir así es demasiado doloroso, pero no tengo fuerzas para superar mi pecado. Por favor, ayúdame…”

Más tarde, leí estas palabras de Dios: “[...] nadie desea existir bajo el cuidado y la custodia de Dios. Más ellos están dispuestos a depender de la corrosión de Satanás y el maligno con el fin de adaptarse a este mundo y a las reglas de vida que sigue la malvada humanidad. A estas alturas el corazón y el espíritu del hombre se sacrifican a Satanás y se convierten en su sustento. Además, el corazón y el espíritu humanos se convierten en un lugar en el cual Satanás puede residir y en una zona de recreación apropiada para este” (“Dios es la fuente de la vida del hombre”). “[...] parece como un mundo de regocijo y esplendor, uno que se está volviendo así cada vez más. Cuando las personas consideran el mundo, su corazón se siente atraído por él y muchas son incapaces de librarse de él; […]” (“Práctica (2)”).

Las duras palabras de Dios penetraron profundamente en mi corazón como una espada afilada. Sentí como si fueran una condena para mí. Comprendí que no podía dejar de apostar y que mi vida era muy dolorosa, pues yo había sido envenenado con excesiva profundidad por las tendencias malvadas de Satanás. Había estado inmerso en las falacias satánicas como “juega un poco para alimentarte, juega mucho para enriquecerte,” y “Los intrépidos mueren de gula, los tímidos mueren de hambre,” y esto me había hecho sentir que ganaba muy poco haciendo negocios honestamente, que si quería ganar mucho dinero, enriquecerme de la noche a la mañana y ser un hombre acaudalado, tenía que apostar, porque esa era la única manera en que podía llevar una vida extraordinaria. Así que empecé a experimentar con el juego, en pequeñas cantidades al principio, pero debido a las tentaciones e instigaciones de mis amigos jugadores, yo quería ganar más dinero, así que empecé a hacer apuestas cada vez más grandes, y cuanto más perdía, más quería volver a ganar, así que cada vez estaba más atrapado. No solo perdí todos los ahorros de mi familia, sino que también empeñé el único collar de oro de mi esposa, y finalmente perdí la casa que tanto nos habíamos esforzado en comprar, y adicionalmente tenía una enorme deuda de más de 700.000 yuanes. Cada día era una agonía insoportable, y quise morir para escapar del dolor. Después de que empecé a creer en Dios, aprendí de Su palabra que sin la guía de Dios, vivimos en la miseria bajo la influencia de Satanás, y también hice un juramento ante Dios de que no volvería a apostar, pero cuando vi a otros ganar un gran premio tras comprar un billete de lotería, no pude resistir la tentación, compré billetes de lotería en contra de mi voluntad, y perdí el dinero por el que tanto había trabajado para ganar transportando pasajeros. No solo me sumí en la desgracia, sino que hice que Dios me detestara. Esto fue porque no podía ver claramente la manera como Satanás usa el juego para corromper a la gente, y porque fui manipulado y controlado por las falacias y los proverbios malvados de Satanás, esa y otra vez rompí los votos que juré cumplir, quedé atrapado en la trampa de Satanás en contra de mi voluntad, y fui manipulado y dañado por él. No pude dejar de pensar en uno de mis amigos, que perdió todo debido al juego, se fue a la bancarrota y tuvo que vivir de nuevo en su aldea. Mi segundo hermano también se hizo adicto al juego después de andar con malas compañías, y a menudo se peleaba con su esposa, arruinando así su familia, que antes era feliz y armoniosa. También tuve un vecino joven que gastaba tanto dinero en billetes de lotería que no pudo pagar sus deudas, y que finalmente, desesperado, saltó del séptimo piso de un edificio y terminó con su propia vida... Todo esto fue consecuencia de ser dañado por las tendencias malvadas de Satanás, quien usa el deseo que tienen las personas de enriquecerse de la noche a la mañana, así como las tendencias del mal, para seducirlas gradualmente al infierno. ¡Satanás es verdaderamente siniestro y despiadado! Una vez que entendí estas cosas, anhelé aún más escapar de las garras de las tendencias malvadas de Satanás y vivir según la palabra de Dios.

Después, leí otro pasaje de las palabras de Dios: “Deseo muchas cosas. Desearía que os condujerais de una manera correcta y bien educada, que fuerais fieles en cumplir vuestro deber, que tuvierais la verdad y la humanidad, […]” (“Las transgresiones conducirán al hombre al infierno”). “Como un ser creado, debes por supuesto adorar a Dios y buscar una vida significativa. Si no adoras a Dios y vives en la carne inmunda entonces, ¿no eres sólo una bestia con un vestido humano?” (“Práctica (2)”).

En palabras de Dios, vi Sus esperanzas para la humanidad. Dios espera que abandonemos nuestras vidas de depravación, persigamos la verdad, lo adoremos a Él, hagamos todo lo posible para cumplir con los deberes de los seres creados paguemos el amor de Dios, nos convirtamos en personas poseedoras de la verdad y con una humanidad normal, y que llevemos vidas que tengan sentido. Pensé en lo inmerso que estaba yo en la malvada tendencia del juego, y aunque había perdido todos mis ahorros, era peor el sufrimiento espiritual que sentía, la vida miserable que llevaba, y el daño irreparable que le hice a mi familia. Pero ahora, la palabra de Dios me había señalado las metas y el rumbo que debía seguir, y yo deseaba practicar de acuerdo a la palabra de Dios y vivir con una humanidad normal. Así que, me hice un voto a mí mismo: Aunque traicionar mi adicción al juego sería muy difícil y doloroso, practicaría la verdad sin importar lo demás, recurriría a Dios para dejar mi adicción al juego y viviría la vida que los cristianos deberían tener. Después de eso, ya no quise enriquecerme comprando billetes de lotería, y cuando pasaba por la tienda, aunque a veces me sentía tentado, pude superar la tentación orando a Dios y contemplando la palabra de Dios, y logré contentarme con ganar dinero como conductor.

3.Dejé de apostar y obtuve la liberación espiritual al confiar en Dios

Un día, me invitaron a cenar a casa de un amigo. Después de la cena, me pidieron que fuera a apostar. En ese momento, sentarme a la mesa de juego me pareció totalmente natural, pero cuando estaba a punto de empezar a apostar, recordé las palabras de Dios,

[...] parece como un mundo de regocijo y esplendor, uno que se está volviendo así cada vez más. Cuando las personas consideran el mundo, su corazón se siente atraído por él y muchas son incapaces de librarse de él; […] Si no te esfuerzas por progresar, si no tienes ideales y no has echado raíces en el camino verdadero, serás arrastrado por esta ola pecaminosa” (“Práctica (2)”).

La iluminación presente en las palabras de Dios me despertó de inmediato. Es cierto que toda la sociedad actual es oscura y malvada. Satanás usa toda clase de tendencias malignas para corromper y devorar a la gente, y si no soy consciente de las trampas de Satanás, si no persigo el progreso, no practico la verdad, y me abandono al pecado, sería encarcelado para siempre por Satanás y continuaría viviendo en la depravación y siendo manipulado y dañado por él. Pensé en lo difícil que había sido superar mi adicción al juego y dejar de apostar al confiar en la guía de las palabras de Dios, pero Satanás se negó a darse por vencido. Utilizó a mis amigos para tentarme porque quería hacerme seguir viviendo en la depravación y dañarme. No se detendría hasta arrastrarme directamente al infierno. Satanás es verdaderamente malvado, y yo no podía dejar que me siguiera controlando. Así que oré a Dios en silencio: “Dios, no tengo el poder para vencer mi pecado. Te pido que me des fuerzas en estas circunstancias, para no sucumbir más a las maquinaciones de Satanás”. Después de orar, sentí fortaleza en mi corazón y les dije a mis amigos: “Ahora creo en Dios, por lo que no puedo seguir jugando”. Entonces, me levanté de la mesa de juego y mis amigos quedaron conmocionados. Me sentí especialmente seguro y en paz después de rechazar la tentación de mis amigos.

Pero Satanás se negó a dejarme ir, y me tentó usando todo tipo de personas, asuntos y cosas. Una vez, después de cenar con mis amigos, me invitaron a apostar, con la excusa de que eran tres y que necesitaban cuatro para jugar. Yo sabía muy bien que esto era una tentación de Satanás, pero no podía permitirme caer más en sus trampas, así que los rechacé con decisión. Cuando comencé a confiar sinceramente en Dios para rechazar el juego, mis amigos dejaron de invitarme a jugar con ellos, y me alejé completamente de la mesa de juegos.

Una vez, mientras estaba cenando con mis amigos, me dijeron que yo había cambiado mucho, y finalmente dejé de apostar. Cuando mi esposa escuchó esas palabras, una sonrisa de agradecimiento apareció en su rostro. Agradezco a Dios, porque fue Su palabra la que me cambió y me dio la dirección correcta en la vida. Después de dejar de apostar, toda mi perspectiva mental pareció como si hubiera sido completamente renovada. Después de que mi madre vio el cambio en mí, no pudo dejar de exclamar que esto era realmente obra de Dios, porque nada más podría haber cambiado mi desastroso hábito de apostar. Posteriormente, ella también aceptó la obra de Dios en los últimos días. Actualmente, toda nuestra familia puede leer junta las palabras de Dios cuando tenemos tiempo libre, encontrar la manera de practicar según la Palabra de Dios, y cuando alguien revela caracteres corruptos, podemos simplemente sincerarnos y hablar de ello, y todos podemos compartir las palabras de Dios con amor y paciencia y ayudarnos unos a otros. Nuestra vida pasada de pelearnos por el juego se ha convertido en una vida de felicidad y armonía, y todo esto es el resultado logrado por las palabras y la obra de Dios. Agradezco a Dios por salvarme de mi adicción al juego de más de 20 años y por darme una nueva vida.


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